sábado, 14 de julio de 2012

Hombre Bafici I






                                                            Hombre Bafici I


Me llevo al baño a Roland Barthes.
Me lo llevo a cagar,
me llevo fragmentos de un discurso amoroso para leer mientras cago.

Él me habla del amor,
hace hablar a otros del amor.
Yo hago fuerza.
A veces hago tanta fuerza que me desconcentro.

Leo del amor mientras hago fuerza
me habla de las heridas y el chiste se hace solo

Somos expulsados al mundo a través de una herida:
una herida que sangra, que llora, que escupe.
Que seduce.
Nos escupe una herida mientras rebosamos de grasa y sangre,
nos limpian (o eso creen)
pero nunca volvemos a la limpieza inmaculada maternal.
Nacemos, cagamos, nos cagan
y nos cagamos muriendo.
Y en el medio de todo eso también cagamos.
Cagamos y leemos Barthes porque somos gente de bien.

Cago y leo Barthes porque soy un niño universitario.
Intento cagar, pero no puedo.

Leo:
“¿Como terminar un amor?- ¿Cómo termina?
Nadie sabe. Sea lo que fuere el objeto amado,
desaparece, o pasa a la región Amistad

-(Ojo, lo escribe con mayúsculas.
Me río cuando llego a eso)-
El amor que ha terminado se aleja
hacia otro mundo a la manera de un navío espacial
que cesa de parpadear: el ser amado resonaba
como un clamor y helo aquí de golpe apagado
(el otro no desaparece jamás cuándo y cómo se lo espera).


Leo y pienso.
Estoy en el baño.
Haciendo fuerza,
¿de qué me habla este tipo?

El amor se va a otro mundo como un navío espacial.
Si. Tirando la cadena se va.
Como con los zoretes.
Yo también tiro la cadena y ellos se alejan
como navíos espaciales, hacia otros mundos.
Y también se alejan mediante un clamor
a veces con tanto clamor que hasta me salpican.

Pero esta vez no puedo olvidar el amor,
-en realidad no puedo cagar-,
pero Barthes me pone lindo
y hablo raro y con imágenes.

Leo. Hago fuerza, nada.
Meo, eso sí. De sentado, como las mujeres.
Me la sacudo, salpico. Es obvio, estoy sentado mientras me la sacudo.
Podría decir que despido las gotas de meada, pero no.

Barthes me llama, me roba la atención
me seduce, me habla, me preocupa.
En realidad me preocupa no cagar.
Fui a cagar y terminé bartheseándola.
Terminé haciendo cualquier cosa menos cagando
(que era a lo que había ido).
Me resigno, parece que otra vez no cago.
Le voy a decir a mamá que me compre Activia.
Pienso que con eso tal vez lo arregle.
Pienso que más tarde se va arreglar.
Fui a cagar y terminé haciendo otra cosa diferente.
Fui a cagar y lo terminé pasando para después.
Diferir y diferenciar. La Différance.

Me resigno, hoy no cago.
Mañana será otro día.
Me golpean la puerta.
Peor, así nunca voy a cagar.
Me dicen que me suena el celular.
Afino el oído, se escucha el leve ringtone
de la voz susurrante de Elliot Smith.

Soy un hombre cagando en el baño
mientras sostiene un libro de Barthes
y el celular lo llama con la voz de Elliot Smith.
Soy la representación terrenal del Bafici.

1 comentario:

Bubulina dijo...

Jotapecito, te quiero hasta la luna porque sos un poeta y eso es ser bien macho