Sin premeditarlo, sin querer queriendo, este texto que escribo hoy sobre esta novela edípica, confesional, autobiográfica, transgresora empieza así, hablando de una fecha tan cercana (falta menos de una semana). Son éstos los momentos que más me hacen creer en la existencia de las Moiras, aquellas tres hermanas que tejían los destinos de los hombres en la Grecia antigua. Creo que, en términos generales, soy tan panteísta como escéptico.
Hoy, 21 de octubre de 2002, Día de la Madre, para festejarlo con rigor, para festejarlo como hace años debí haberlo festejado, para festejarlo como nunca me atreví a festejarlo, para terminar con esta relación ni abominable ni demoníaca sino estúpida, agobiante y estúpida que nos une desde siempre, para que nunca más haya para vos ni para mí otro Día de la Madre, para todo esto, hoy, voy a matarte, mamá.
Si este comienzo no te (los) conmueve... ¡no tenés (tienen) sangre! Es demoledor, es impactante, es conmovedor, es movilizante, es chocante, es seductor, es... simplemente genial.
Apenas una tarde alcanza para contar una vida, esa parece ser la revelación de La crítica de las armas. ¡Anoten, jóvenes escritores! apenas una tarde alcanza para contar una vida. Pero ¡ojo!... como recurso no desconocido, la brevedad temporal y la longitud novelar inversamente proporcionales son difíciles de lograr. No cualquiera sabe usar el recurso de manera productiva. Usarlo por usarlo decanta en pedantería, en alarde... y lo que es peor: en mamarracho. Tantos hay dando vuelta haciéndose los loquitos... ¡señores, aprendan de los buenos! No es gratuito en esta novela el lento paso del tiempo, el largo camino a la muerte, la dilación de aquello que más temprano que tarde llega a todos. La tensión generada por este primer párrafo mantendrá su fuerza durante todo el libro. Estaremos siempre con el corazón en la boca, esperando, y allá va una nueva anécdota, un nuevo sufrimiento, una nueva historia de ese perdedor que es Pablo Epstein (que es José Pablo Feinmann).
La novela, que es de esas que me gusta llamar novela vómito debe tener un pH de -2 (si no saben qué significa, hagan click en el link), como reconoce José Pablo en una entrevista, en ésta "está mi sentido del humor jodido, corrosivo". No es tampoco inocente llamarla vómito, más allá del pH, cuando se trata de una suerte de autobioparodia, una grotesca puesta en escena de un sí mismo, de lo peor (de lo más odiado) de sí mismo. ¿No es el vómito ese síntoma de enfermedad, de malestar estomacal, esa sensación de largar todo lo que nos está haciendo mal, todo eso que guardamos adentro? ¿No experimentamos cierta sensación de alivio cuando lanzamos?.
¿Qué es lo que (José) Pablo vomita en esta novela? Vomita sus odios personales, su madre, su hermano, el insoportable judaísmo de su hermano, su infelicidad. Y es que, si bien la relación madre-hijo siempre es conflictiva, siempre es difícil, siempre tan jodidamente presta a ser psicoanalizada, Alicia, "la madre" en La crítica de las armas es un escollo para la felicidad, es la principal culpable de la miserable vida de Pablo. Es el mal encarnado en una (para nada) tierna viejecita.
La novela, que es de esas que me gusta llamar novela vómito debe tener un pH de -2 (si no saben qué significa, hagan click en el link), como reconoce José Pablo en una entrevista, en ésta "está mi sentido del humor jodido, corrosivo". No es tampoco inocente llamarla vómito, más allá del pH, cuando se trata de una suerte de autobioparodia, una grotesca puesta en escena de un sí mismo, de lo peor (de lo más odiado) de sí mismo. ¿No es el vómito ese síntoma de enfermedad, de malestar estomacal, esa sensación de largar todo lo que nos está haciendo mal, todo eso que guardamos adentro? ¿No experimentamos cierta sensación de alivio cuando lanzamos?.
¿Qué es lo que (José) Pablo vomita en esta novela? Vomita sus odios personales, su madre, su hermano, el insoportable judaísmo de su hermano, su infelicidad. Y es que, si bien la relación madre-hijo siempre es conflictiva, siempre es difícil, siempre tan jodidamente presta a ser psicoanalizada, Alicia, "la madre" en La crítica de las armas es un escollo para la felicidad, es la principal culpable de la miserable vida de Pablo. Es el mal encarnado en una (para nada) tierna viejecita.
...¿me quería decir algo doctor?La felicidad, si es que existe, está más cerca de la muerte que de la vida. La muerte es la única solución para la vida de mierda. Es la única forma de liberarse de lo malo. Lo malo debe morir. Pero la muerte no juzga moralmente, la muerte es democrática, es fatalmente democrática. Aunque a veces se toma su tiempo.
Sí, Epstein. Digame, ¿a qué hora piensa irse?
A las ocho y cuarto.
Bien, yo voy a estar todavía. ¿Podría verlo en mi escritorio?
Cómo no.
El doctor se va y Alicia se inclina hacia mí, cómplice. "Tené cuidado, hijito", dice. "Seguro que quiere aumentarte la cuota. Ni que fuera judío éste." "Mamá, papá también era judío" "Y bien amarrete que era".
Mirá imbécil, miserable cobarde, enterate: mi hermano no fumaba, no fumó un cigarrillo en su puta vida y reventó de un cáncer de pulmón. ¿Te das cuenta? Toda la desgracia y ninguna dicha. Como reventar de cirrosis sin haber sido un memorable borracho, como morir de sida sin haber cogido. Pero la vida es así. Se termina. Hagamos lo que hagamos, tenis, caminatas, sauna, dieta sana, abstenciones ilimitadas, controles en las prepagas, siempre, al final, reventamos como perros. Para la parca todos somos subversivos, el principio persecutorio de la Parca es más insaciable que el de Massera, Campos y Videla juntos, nadie se escapa, nadie se salva, todos culpables. Menos mi mamá, que es eterna.Sin embargo, no podemos dejar de querer a esa vieja maldita, es que ella es tan conmovedoramente sincera que hasta causa, por momentos, un extraño (y peligroso) amor. Alicia, cuando habla, es lo más. Permítanme mostrárselo:
Habías prometido recitarme una poesía, dice.Esta nota comenzó siendo algo y llegó a ser nada, disculpen, me parece que está a punto de morir... dejémosla hacerlo en paz.
Qué memoria, mamá. Te felicito.
Me acuerdo de todo.
¿En qué año cayó Yrigoyen?
En 1930. Era un mujeriego.
¿Y Perón?
En 1955. Otro mujeriego. Se murió la Eva y se dedicó a perseguir mocosas. Recitame la poesía.
Primero las pastillas, viejita.
Fijate bien que te dieron. Aquí, si me descuido, me envenenan.