Bruno diría que Scott Pilgrim supo captar el zeitgeist[1] de una generación, de esta generación, la mía, la tuya, la nuestra. Es que a Bruno le gusta mucho usar esas categorías en alemán como zeitgeist, weltanschauung o weltliteratur. En este caso, Bruno, tenés razón. Esta serie de novelas gráficas (seis en total), escritas y dibujadas por Bryan Lee O’Malley, narra las aventuras por las que tiene que pasar un joven veinteañero canadiense para poder quedarse, al fin, con la que es –literalmente– la chica de sus sueños.
Scott tiene 23 años, no trabaja, no estudia, es el bajista de una banda de rock y vive en un monoambiente con Wallace, su amigo homosexual con el que comparte la cama (en realidad, un colchón en el piso) y que es también el dueño de todo lo que es útil en la casa. Scott es desconsiderado, egoísta, holgazán y desagradecido. En fin, es nuestro héroe. No un héroe superpoderoso, patriotero y justiciero. Scott no pretende erradicar el mal de las calles de su ciudad, ni del mundo, ni de la galaxia.
Al comienzo de la historia, Scott está saliendo con Knives, una inocente high-scholar de origen chino, cuando en sus sueños comienza a aparecer, recurrentemente, una misteriosa joven montada en sus rollers. Finalmente, Scott conoce a la chica de sus sueños. Se llama Ramona Flowers, es estadounidense y trabaja para una empresa de mensajería (por eso los patines). [Confesión: creo que no me había enamorado tanto de un personaje de ficción desde la señorita Cora de Cortázar]
Scott insiste hasta que logra que Ramona acepte salir con él. Pero ese fue apenas el primero de tantos y mucho más difíciles obstáculos. Para conquistar el corazón de Ramona, Scott deberá enfrentarse con sus siete malvados ex-novios y derrotarlos.
Scott insiste hasta que logra que Ramona acepte salir con él. Pero ese fue apenas el primero de tantos y mucho más difíciles obstáculos. Para conquistar el corazón de Ramona, Scott deberá enfrentarse con sus siete malvados ex-novios y derrotarlos.
Como es evidente, el argumento de la historieta no es nada nuevo. Lo que ha convertido a Scott Pilgrim en una obra novedosa, diferente, divertida, genial es su forma, su resolución narrativa, tanto al nivel del guión, como también en la faz gráfica. No sería muy descabellado definirla, entonces, no como una historieta –o novela gráfica– sino como un videojuego no interactivo. Los personajes están, pero no podemos moverlos; ellos solos se desplazan en las pantallas/páginas de esta obra a la que nada le falta para estar entre los mejores videojuegos de plataformas que hayan existido. Tan sólo eso (aunque no sólo eso) alcanza para explicar por qué Scott Pilgrim lleva la marca de esta generación.
¿Logrará derrotar finalmente a los siete malvados ex de Ramona y conquistar su corazón? ¿Qué obstáculos, qué pruebas deberá superar para lograrlo? Quien quiera saberlo deberá leer los libros. O mirar la película, pero ¡vamos!, nunca es lo mismo. Les aseguro que, como dice en el subtítulo de la película, Scott Pilgrim es «an epic of epic epicness» (Aproximadamente, una epopeya, de épica epicidad), tal vez la primera del mundo posmoderno hecha en forma de historieta.
| Wallace Wells. Rating: Cool gay roomate |
[1] Zeitgeist significa, aproximadamente, el espíritu de una época.